Vuelta a la normalidad

La interpretación que los españoles hacemos de los meses del año es muy singular; aunque parezca que son doce meses y que están regidos por las estaciones del año, realmente no es así, os…

1 de enero de 2020· 4 min de lectura· Domingo Gaitero

La interpretación que los españoles hacemos de los meses del año es muy singular; aunque parezca que son doce meses y que están regidos por las estaciones del año, realmente no es así, os cuento. Enero: es el primer mes, se supone que es cuando comenzamos el año, pero no en España lo acabamos. Hasta el 10 de enero entre las vacaciones de los niños, el año nuevo y los reyes, aparte de no trabajar, nos gastamos el poco o el mucho dinero que nos quede intentando redimir nuestras faltas de todo el año. Algunos modernos pasan esta actividad a partir del día 10 ya que es cuando empiezan las rebajas. Prefieren ahorra pasta que cumplir con las tradiciones; yo conozco una familia que celebra los reyes el 13 de enero para poder utilizar las rebajas. Febrero y Marzo son dos meses en que se trabaja y donde básicamente se piensa en que vamos a hacer en Semana Santa, a veces esta cae en Marzo lo que nos hace más llevadero el año, otras veces en Abril, lo que causa algunos «desarreglos hormonales» en algunos. Abril y Mayo son dos meses en los que se trabaja algo menos, ya que por un lado la semana consta de la propia semana santa , y por otro, la previa para contar donde nos vamos, así como la siguiente para contar como lo hemos pasado. Mayo con la historia de las flores se nos hace más llevadero, y ya sin darnos cuenta llegamos al verano que en España dura desde el 1 de Junio, momento en el que  ya se empieza a hablar y pensar en la jornada intensiva, hasta el 15 de septiembre que suele ser cuando los niños vuelven al colegio. Con la estupidez de la semana de adaptación, esto se está trasladando a primeros de Octubre. En Junio ya hablamos plenamente de las vacaciones, empezamos con lo típico: “este año no sé dónde ir”, “no tenemos dinero”, “ahora cojo unos días y me dejo otros para navidad”….pero lo curioso es que llegado Julio y Agosto no ves a nadie en Madrid, los billetes a Nueva York desaparecen y las playas están llenas. Y digo Julio y Agosto porque en España se veranean los dos meses, uno en la oficina «vacía» y otro fuera de la oficina. Aquí hay un “break”, realmente es cuando se acaba el año y no en Enero; ya que es en este preciso momento donde llegamos al límite (os habéis dado cuenta que la frase “este año necesita irme de vacaciones más que nunca” se está convirtiendo en todo un clásico). Esto es debido a que no sé porque extraño motivo en el mes de Junio los españoles trabajamos como si se fuera a acabar el mundo y en Septiembre, el mes de la esperanza, todo fuera nuevo como si por arte de magia los problemas se disiparan con un «click». hay otros que primero veranean en la oficina Julio y Agosto, y luego se van fuera en Septiembre, ya que parece ser que algunas cosas son más baratas y están más tranquilos. Todo esto sin contar el calendario de los niños que el Ministerio de Educación desde bien pequeños les prepara para ser unos vagos y pasarse tres meses y medio tocándose las narices. Y de regreso a la normalidad, contando nuestras vacaciones, renovando nuestras quejas y llantos, algunos contando sus nuevos y obsoletos objetivos («esto va a cambiar», «voy a a hablar muy seriamente con mi jefe», «yo a partir de ahora me voy a mi hora»…), enseñando fotos y contando los días que quedan para Diciembre, pues Septiembre nos lo fumamos también. Octubre y Noviembre se llevan bien gracias a la iglesia: la virgen del Pilar y la Almudena nos dan algunas fiestas que incluso crean puentes muy de agradecer. Y con todo esto llegamos a Diciembre, o mejor dicho navidades, donde desde el súper puente del 6 y el 8, damos paso a las comidas navideñas, vacaciones pendientes, e hipocresía de felicidad, donde comemos, gastamos, comemos, gastamos hasta empezar de nuevo la rutina. Si esto lo leyeran un japonés o una americano, que solo disponen de quince días de vacaciones cada dos años, la verdad es que puede ser que no lo comprendieran. A mí me parece estupendo, puesto que si siendo así somos una potencia mundial no sé dónde estaríamos si trabajáramos un poco más; esto nos deja mucho margen para la mejora. Pero lo malo no viene siendo esto del trabajo, ya que el español es el único ser sobre la tierra que puede producir y divertirse a la vez, por eso nos envidian tanto; lo malo son las sensaciones que arrastramos. Como es posible que estando preocupados como estamos seamos capaces de desaparecer durante tres o cuatro semanas y volver con la ilusión de que todo es diferente, de que los problemas han desaparecido o que las personas han cambiado. Si no llevamos acción con nosotros lo único que conseguimos es volver a la normalidad, o mejor dicho a la “anormalidad” diaria que aceptamos vivir. ¿Para eso descansamos?, ¿Para eso cogemos fuerzas?, ¿Para eso renovamos ideas?, ¿para seguir haciendo lo mismo?… Pues vaya rollo de vacaciones ¿no? Regla nº98: (un clásico), “Si seguimos haciendo las mismas cosas, seguiremos obteniendo los mismos resultados”.

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