Llevo bastantes semanas recibiendo mails o comentarios vuestros, preguntándome a cerca de cómo podéis aplicar algunas de las cosas que escribo en el Blog en tiempos tan duros como los de ahora. Incluso algún amigo me recrimina que sólo identifico problemas, pero que nunca aporto acciones o soluciones concretas. De manera que me he puesto manos a la obra:
Lo primero que me ha costado, es describir con un adjetivo a la crisis, sin poder recurrir a mis queridos “tacos”, ya que luego tengo que pasar las revisiones de mis queridos Luis y Pilar, que son muy estrictos con ese tema. De manera que empecé por “maldita”, luego pase a “repugnante”, -pensé en que palabra buscaría mi amigo César y puse “execrable”-, y así con unas cuantas más. Ninguna me gustó.
Por tanto, cambié de estrategia y pensé en lo que iba a escribir, y como mi idea no es decir cosas sofisticadas y novedosas, -sino tirar de experiencia y sentido común-, me vino a la mente de manera casi instantánea el adjetivo “desesperante”.
Este adjetivo, además, juega doble desempeño: por un lado la crisis y sus efectos nos desesperan, pero por otro a mi también me desespera un poco la actitud, victimismo o incluso derrotismo que algunas `personas adoptan ante esta situación. De manera que he tirado de una lista de acciones que a lo largo de mi vida he ido empleando en situaciones más o menos conflictivas, y que -desde luego- creo que pueden ser efectivas para llevar a cabo de manera inmediata.
- Llegar pronto a trabajar y salir tarde del trabajo.
- Trabajar más.
- Si se da el caso de ganar menos, adaptarme a las circunstancias con una sonrisa, aunque por dentro me esté muriendo.
- Ofrecerme como voluntario a todo, borrar el “no” de mi vocabulario.
- Sacar fuerzas de donde sea, y estar siempre de buen humor en le trabajo.
- Practicar, literalmente, mi cara amable en el espejo todas las mañanas, y en el retrete al mediodía.
- Olvidar los buenos tiempos. La nostalgia no es buena consejera y, además, aburre.
- Animarse a uno mismo, diciendo que todo pasa, pero sabiendo que no será mañana.
- Llamar y visitar a todo el mundo que pueda y más: mantenerse en contacto con todas las personas posibles, en asociaciones, en grupos… dónde sea.
- Inventar lo que sea, cuanto más raro mejor. Eso me ayuda a salir de la rutina. Cambiar de hobby, o de serie de tv; eso previene la desesperación y trae nuevas perspectivas.
- Simplificar.
- Trabajar como nunca los detalles (esto lo aprendí de Tom Peters).
- Levantar la mirada y mantener -a cualquier coste- el nivel de calidad por el que nosotros nos evaluaríamos a nosotros mismos. Ser el mejor de un grupo de mediocres no es bueno.
- Reaccionar inmediatamente ante cualquier fallo.
- Procurar estar siempre con gente joven y mantenerlos cerca: no suelen ver las cosas tan mal. La ingenuidad puede ser una bendición, a veces.
- Aprender. La formación es más importante que nunca. Leer. Leer. Leer.
- Maximizar la red de contactos, y sobre todo dentro de la empresa. Conocer a los que hacen el “trabajo de verdad”, son indispensables para hacer las cosas bien, rápido y sin problemas.
- Agradecer lo bueno mil veces y, lo malo, tragártelo.
- Ser amable: pero no esconder la verdad ni adornarla. Lo que realmente mina los ánimos son los rumores alimentados por los perdedores.
- Festejar los pequeños triunfos como si de un nuevo mundial se tratara, y tratar a los protagonistas como campeones del mundo.
- Ser buen perdedor y volver a empezar de nuevo.
- Evitar a las personas negativas: la polución es mortal, a veces es bueno tomar distancia de esa gentuza.
- Si no puedes alejarte de los pesimistas, recordarles la “ley antidisturbios”.
- Dar un nuevo sentido a la palabra amabilidad.
- Usar lápices de colores o rotuladores en el trabajo; ver diariamente que hay más colores que el blanco y el negro ayuda de manera considerable.
- Esforzarse al máximo por ponerse en el lado del cliente, darle lo que quiere y ayudarle; no solamente ofrecerle lo que nosotros pensamos que necesita.
- No perder la educación: saber que el estrés hace que los demás la pierdan.
- Los zapatos, siempre brillantes.
- Ser amables con todos, aunque no lo merezcan o no lo comprendan.
Regla nº40:”Y después de hacer todo lo posible, rezar por si acaso”.
Comentarios
Si tienes algo que aporte, adelante. Si no aporta, ya sabes.
