Cuando alguien emite una expresión tan evidente o tan sabida que resulta una afirmación trivial, suele opinarse que se dijo una perogrullada o una verdad de Perogrullo. La perogrullada es una definición tan simple que duplica su misma denominación. Por ejemplo: «cuando no hace frío hace calor o está agradable», o «en lo lleno no hay vacío» son perogrulladas o simplezas. En el Diccionario de la Real Academia Española, la perogrullada se define como «verdad o certeza que, por notoriamente sabida, es necedad o simpleza decirla». En el diccionario de María Moliner, se le define como «dicho propio de Perogrullo», se dedica una entrada al autor de esas verdades, Perogrullo (de «Pedro» y «Grullo»): personaje supuesto al que se atribuyen humorísticamente las sentencias o afirmaciones de contenido tan sabido y natural que es una tontería decirlas. Quien inventó el vocablo perogrullada fue Quevedo, en su libro “Los sueños” donde interviene el «gran profeta» Pero Grullo: «Yo soy Pedro y no Pero Grullo, que quitándome una “d” en el nombre me hacéis el santo fruta«. Y el personaje ofrece diez profecías, a las cuales Quevedo denomina perogrulladas. Estos son algunos ejemplos:
“…Andarase con los pies,
volarase con las plumas,
Serán seis dos veces tres
Por muy mal que hagas las sumas…”
Bueno amigos míos y os preguntaréis que como es posible que en un Blog como este de tintes tecnológicos estemos hablando de literatura clásica y de estas cosas, y nada más simple que hoy me apetecía hablar de etas expresiones y situaciones que son tan cotidianas en nuestras vida profesional como son las perogrulladas. Llevo mucho tiempo impartiendo cursos y charlas sobre la calidad, la excelencia, la mejora continua el uso de los procesos en el sector TI y siempre, no sólo ahora sino desde que tengo uso de razón se me ha dado una paradoja muy curiosa; y es que después de explicar cualquier actividad relacionada con los temas anteriores la respuesta que siempre he obtenido ha sido: “muy interesante lo que nos has contado, pero realmente todo esto es sentido común ¿no?”; o bien la otra, que da título y pie a este post, “pero Domingo esto que nos has contado es de Perogrullo, ya lo sabemos”. Y efectivamente estas personas tenían razón; hablar de hacer pruebas a los programas desarrollados es de sentido común, pedir tener los objetivos definidos, claros y escritos de un proyecto es normal, tener medidas exactas de nuestro esfuerzo en un proyecto es lo lógico, saber cuánto no s está costando un proyecto es totalmente evidente, querer llevar a cabo un cambio cultural en nuestra organización y saber de qué se trata es obvio ¿no?. Todo esto son perogrulladas; también puedo meter en el mismo “saco” consejos como proponer que las reuniones convocadas a una hora empiecen precisamente a esa hora, o pedir escuchar a un compañero a que se explique para luego rebatir es lo que nos enseñaron en la escuela; que un miembro de tu equipo participe en una reunión con sus aportaciones es fácil, y ya no te digo nada si hablamos de respetar los problemas o puntos de vista de otros, es que son cosas de «PEROGRULLO». De hecho mi gran amigo Luis siempre me dice que porque lo llamamos coaching o mentoring y no “Perogrulling” y es que amigos míos como decía el Principito “Lo esencial es invisible a los ojos”, y por ese motivo seguimos sin ver lo evidente a nuestro alrededor. Somos tan grandes y tan buenos profesionales que demandamos cursos de algo revolucionario, de técnicas que nos ayuden a extraer las mejores métricas, que remos saber cómo el ROI ayuda que nuestras organizaciones puedan mejorar, buscamos más allá de las fronteras mentales y no sabemos gestionar nuestra bandeja del correo. Quizás debería de volver a usarse la expresión “Cantamañanas” para todos estos “listos” que lo saben todo y lo único que hacen es entregar basura al cliente y llenar de papeleo innecesario los procesos de nuestras organizaciones, sin contar de “vomitar” por su boca mensajes de pesimismo y frustración escondidos detrás de una aparente responsabilidad social, moral incluso patriótica en algunos casos extremos. Trabajemos nuestra humildad, y busquemos en las cosas simples, sencillas y cotidianas que hemos olvidado. Trabajemos el sentido común y dejemos la profesión de payaso a los profesionales que hacen reír a los niños en los circos; porque los “payasos empresariales” nos hacen llorar, pero de pena.
Regla nº84: “Los sabios hablan porque tienen algo que decir. Los tontos hablan porque tienen que decir algo”.
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